Le pregunté:
—He estado afuera por tanto tiempo y solo me has buscado cuando te ha hecho falta. Nadie más se ha preocupado por mí.
—¿Por qué debería regresar?
—Tatiana Vivar, te lo digo, nunca podrás librarte de mí en esta vida.
Aquellos días llovió mucho en Barcelona. Corría a casa cargada de documentos, y aunque había pocas personas en la calle, todas parecían apurarse para llegar a sus hogares.
Solo él estaba de pie bajo la farola, vestido con un impermeable. No podía distinguir su expresión, ni tampoco tuve tiempo de pensar en lo extraño que se veía. Solo me concentré en secar mis lágrimas mientras corría hacia adelante,...