Después del abuso, el asesino se levantó, arreglándose la ropa. Sacó una pequeña navaja del bolsillo, y yo lo miré aterrada. Rogué con todas mis fuerzas mientras él se agachaba frente a mí y me golpeaba el rostro con la hoja, dejando una sensación de frío que recorría todo mi cuerpo.
Comenzó a hurgar en mi bolso, encontrando los resultados médicos donde se confirmaba que llevaba un bebé de siete semanas. Volvió a guardar el papel, envainó la navaja y cubrió mi cuerpo desnudo con la ropa desgarrada. Me sentí aliviada de que la pesadilla estaba llegando a su fin, y de que seguía viva.
Pero cuando estaba a punto...