—¡No es lo que parece! —exclamé, presa del pánico. Alena dejó de bailar y soltó una risita burlona.
—De verdad, no es lo que parece —repetí, esta vez haciendo que Dean se riera también.
—¿Podrías dejar de reírte? —grité, un poco molesta con ellos. Esta vez, Damian soltó una carcajada. Me giré y le di un puñetazo en el brazo.
—Se supone que deberías apoyarme —bufé.
—¿Qué quieres decir con “no es lo que parece”? —preguntó Alena mientras levantaba las cejas de forma burlona—. ¿Acaso una serpiente le mordió en los labios y estabas succionando el veneno? —dijo mi hermana, haciéndome fruncir el ceño ante la extraña idea.
—¿Qué? —pregunté,...