Sentí que alguien se movía a mi lado. Oh, diablos. Me quedé dormida. ¿Ya estaba Damian en casa? Abrí rápidamente los ojos, sin importar que la luz me molestara. Mis ojos buscaron por toda la habitación hasta que se detuvieron en alguien. Alena. Me estaba mirando con el ceño fruncido. Algo estaba mal. Me senté rápidamente y me froté los ojos.
—¿Está en casa? —pregunté. Busqué mi teléfono y noté que estaba junto a la almohada. Lo tomé rápidamente y lo desbloqueé. Eran las seis de la mañana. La expresión preocupada de mi hermana demostraba que algo no estaba bien. Era inquietante. Ella sacudió lentamente la cabeza.
—No está en...