—¡Dios mío! —exclamó Alena al verme. La miré confundida. Sus ojos se dirigieron hacia Damian, que estaba parado detrás de mí. Me giré para mirarlo. Aún tenía esa sonrisa molesta, pero innegablemente sexy, en su rostro.
—¿Qué? —pregunté, sin entender.
—¿Qué estaban haciendo allá afuera? —preguntó Dean, levantando las cejas de forma sugerente.
—¿Por qué? —pregunté, aún confundida.
—Cariño, deberías echarle un vistazo a tu cuello —dijo Alena, ofreciéndome una sonrisa tímida. Toqué mi cuello y sentí algo de dolor. Volví a mirar a Damian, con los ojos abiertos de par en par. Sin perder un segundo, corrí al baño. Abrí la puerta y entré rápidamente. Sorprendentemente, estaba vacío. Me...