—¡No puedes abrir la puerta así! —exclamé mientras veía a Dean abrir la puerta de la casa de sus padres. Él me sonrió antes de entrar en la casa.
—Es la casa de mis padres —dijo Dean.
—Exactamente. No es tu casa —murmuré. Alena suspiró y sacudió la cabeza antes de entrar, dejándome a mí y a Dean mirándonos con desdén frente a la casa.
—¡Entra ya! —gritó Alena, exasperada, haciendo que Dean y yo corriéramos al interior. Alena podía ser realmente aterradora cuando quería. Una vez dentro de la casa, se me cayó la mandíbula al ver lo enorme que era. Era mucho más grande que la de mis...