Días después.
El señor Vidal bajó de su auto y con paso firme se encaminó ingresando al edificio en donde la familia Valdiviezo, no lo esperaba.
Al instante se anunció con el guardia, y de inmediato lo hicieron pasar, cuando subió al elevador se quitó las gafas para el sol, y al llegar al piso enseguida tocó.
Una joven empleada de servicio abrió la puerta.
-Buenas tardes, siga por favor -indicó la amable chica.
-Gracias -respondió él, y enseguida sus ojos se cruzaron con los de Carolina.
-Rodrigo, que gusto tenerte en mi apartamento -expresó la mujer y se acercó a querer saludarlo con un beso en la mejilla, pero...