Alba y Santiago se pusieron de pie y salieron del edificio, mientras caminaban en profundo silencio, la voz de Santiago se hizo escuchar.
—Alba…
La chica detuvo el paso y miró como él deslizaba sus dedos por sus dorados rizos, notó extrañada su nerviosismo.
—¿Sucede algo?
—Alba, espero no me tomes a mal, tampoco quiero que te sientas presionada.
La muchacha se asustó. «¿Y si este resulta igual de atrevido que Joaquín?» se preguntó con temor de lo que él iba a decir.
—Me gustaría ser tu amigo, y si tienes algún día tiempo, salir a tomarnos un café.
Alba sonrió, esa propuesta para ella era de lo más inocente,...