Chapter 6 Capítulo 2: Mentira Piadosa.

Chapter 6 Capítulo 2: Mentira Piadosa.

Alba en vez de sentir regocijo por las palabras del docente, sintió pesar por sus compañeros, sobre todo por Santiago. «Me debe estar odiando» pensó ella. Cuando se disponía a ir a su lugar fue interceptada por Joaquín.

—Vea pues, ¿para dónde crees que vas, vos? — cuestionó el joven colombiano, observándola con el entrecejo arrugado, molesto. 

Ella colocó las manos alrededor de su cintura, lo miró a los ojos. 

—La clase terminó —expresó enojada. 

Santiago sonreía al ver la discusión entre su amigo, y la joven que los dejó en ridículo. Cruzó sus brazos para contemplar a Alba, y su delicado rostro de finas facciones, su piel clara. Ella era delgada, no muy alta, su cabello oscuro contrastaba con el celeste de sus ojos.

 Angélica, al ver el semblante de su amiga, se acercó a ellos. 

—¿Por qué están discutiendo? —inquirió la chica venezolana. 

Joaquín giró su rostro, elevó una de sus cejas, examinó a la joven de pies a cabeza, notando su gran altura, y sus curvas bien pronunciadas, además de su hermoso y largo cabello oscuro, y sus brillantes ojos negros, y su piel lozana y trigueña. 

—Princesa, vos y yo deberíamos de salir un día de estos — expresó con una gran sonrisa Joaquín. 

Angélica ladeó los labios, observó al joven colombiano. Notando su atractivo, su impresionante altura, sus ojos azul claro, su cabello castaño, y esa sonrisa coqueta, sin embargo, ella sabía de la fama de mujeriego de Joaquín. 

—Yo jamás saldré contigo. —Lo miró de pies a cabeza con desdén. 

  Alba y su compañera se carcajearon en frente de él.

—Vea pues, ni que estuvieras tan divina. 

La joven Zambrano iba a responder, cuando la voz de Santiago, interrumpió aquella discusión. 

—Joaquín deja de molestar a las señoritas, nosotros cometimos el error y debemos corregirlo. 

Las dos muchachas observaron embelesadas a Santiago, él sí, era caballeroso.

—Al menos aún quedan hombres gentiles en este siglo —comentó Angélica.

 Alba, no pronunciaba palabra, era algo tímida cuando estaba en frente de los chicos.

—Imagino que ustedes nos conocen, de todos modos, me presentaré: Santiago Vidal, y es un gusto compartir la clase con personas como ustedes.  —Se refirió a Alba, observándola con esos ojos azules que a ella le tenían encantada.  

La muchacha sintió un leve ardor en sus mejillas, el color rojo se le subió al rostro. Santiago le sonrió y ella advirtió que le temblaron las piernas de la emoción.

—Angélica Zambrano, mucho gusto —respondió la otra mujer con una gran sonrisa. 

Santiago como todo un caballero extendió su mano a la señorita, y luego le dio un beso en la mejilla. 

—El gusto es mío. 

Angélica quedó encandilada con Santiago. «Es un príncipe» dijo en su mente. Mientras tanto su amiga no pronunciaba palabra, todos esperaban que ella se presentara.

—¡Alba! —exclamó su compañera.

—Lo siento —se disculpó—. Alba Rodríguez, mucho gusto. 

La joven sintió el frenético palpitar de su corazón cuando Santiago, tomó su mano y besó su mejilla. 

—Es un verdadero placer conocerte —dijo sin dejar de mirarla. 

Alba, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, jamás en esos dos años que llevaba de conocerlo, se imaginó hablando con él.

«Debo estar soñando» pensó ella. 

De pronto la voz de Joaquín, la hizo volver a la realidad.

—Bueno pues, acaso estoy pintado aquí —reclamó, a Santiago.

—Perdón señoritas les presento a mi amigo: Joaquín, Duque de Manizales. —Bromeó divertido—; les pido disculpas por su comportamiento, como tiene sangre azul, desea no pasar inadvertido. —Presionó sus labios para no reírse.  

 Las dos muchachas no pudieron evitar soltar un par de carcajadas, sin embargo, él encogió sus hombros sin darles importancia. 

—¿Y ustedes de dónde son? —averiguó el joven Duque.

—Yo soy de Maracaibo Venezuela —contestó Angélica.

—Ya decía yo, con razón dicen que es la tierra de las mujeres más bellas del planeta. Ahora compruebo que es cierto. ¿Verdad Santy? —Codeó a su amigo.

—Yo creo que la belleza de una mujer no está en el físico, de nada sirve una cara y un cuerpo bonito si no se tiene inteligencia y principios. 

Joaquín negó con su cabeza, en señal de discordancia. 

—Disculpen, mi compañero es algo anticuado.

—¿Anticuado? —recriminó Alba. — ¡Estás loco! —exclamó defendiendo a Santiago—. Tu amigo es un hombre sensato que sí piensa, no como tú que por lo visto...—Dirigió su mirada con recelo a la entrepierna del joven colombiano—, prefiero guardarme mis comentarios. 

Joaquín, frunció los labios, cruzó sus brazos para escuchar a Santiago. 

—Es verdad que el físico atrae, sin embargo, la inteligencia enamora, prefiero a una mujer intelectual que a una bonita —expresó con firmeza—. Claro que eso no significa que uno no aprecie la belleza femenina, ustedes dos son muy hermosas, considero que toda y cada una de las mujeres tiene su propio encanto.

Alba suspiró bajito al escucharlo hablar, su corazón se estremeció por completo, al percibir que Santiago, a más de poseer un gran atractivo físico, era un chico muy inteligente.

—Este es un romántico, en cambio yo soy práctico —intervino Joaquín—. Mamacita...—se dirigió a Angélica. — ¿Vos y yo cuando concretamos una cita?, vamos a pasar bien rico, muñeca, tengo un licor muy exquisito que me envió mi papá de Medellín —insistió el joven colombiano en salir con Angélica. 

Ella lo ignoraba enojada. 

—Así que eres paisa —comentó la morena.

—Si mamacita, soy de la tierra del café, y todo tuyo —respondió con una gran sonrisa.

—No me gustan las arepas colombianas —aseveró, Angélica con suficiencia. 

El joven Duque puso cara de pocos amigos. Santiago y Alba compartían leves miradas, y sonreían muy divertidos.

—Alba, disculpa la indiscreción —habló Santy—. Tu nombre es muy bonito ¿Tiene algún significado? —inquirió.

—Mi mamá dice que significa:  la iluminación, el conocimiento, el despertar a la vida. 

Santiago sonrió complacido de la explicación.

—Tu madre es muy sabia entonces, no se equivocó en escoger ese nombre, me consta que eres muy inteligente, aparte de hermosa. 

Alba mordió su labio inferior, su rostro se volvió carmín. 

«¡Cálmate! ¿Qué va a pensar de ti?» repetía en su mente, cada vez que el joven Vidal, le hablaba.

—¿Y viven con sus padres aquí en New York? —indagó Joaquín.

—Nuestra familia reside en Venezuela, mi papá es un importante empresario, dueño de un resort en la costa del país —mintió Angélica. Alba la observó atónita, no comprendía de donde su amiga inventaba tales cosas. Ella se disponía a comentar que solo tenía a su madre y que trabajaba de mesera en las tardes en un restaurante, y en las noches en un club nocturno, sin embargo, su compañera habló—. Los padres de mi amiga, son socios de los míos, dueños de una cadena hotelera en nuestro país, ella es de Caracas la capital. 

Alba negó con la cabeza, sin poder creer lo que su amiga acababa de inventar. 

«¡Está loca!» decía en su mente, en ese momento no le dio importancia al asunto, era muy posible que Santiago, y ella no volvieran a cruzar palabra, así que, para Alba lo que inventó su compañera fue algo inofensivo.

—Entonces somos medio paisanos, aunque mi camarada Santy es gringo, sus padres son ecuatorianos —mencionó—. Y si vos querés podemos unir a Venezuela, con Colombia, mamacita. —Siguió cortejando Joaquín, a Angélica.

—Ni así fueras el último hombre sobre la faz de la tierra —contestó ella.

—Ya veremos pues, vos no tienes idea de lo que te perdés. 

Angélica volvió a inspeccionar a Joaquín de pies a cabeza.

—La verdad no me pierdo de nada bueno. 

Alba tomó del brazo a su amiga.

—Ya deja de armar escándalo— aconsejó a Angélica—. Fue agradable conversar con ustedes.

—Espero que esta no sea la última vez que charlemos —intervino Santiago—. Si tienes tiempo disponible, me gustaría que nos ayudaras con nuestro trabajo de exposición, no queremos cometer los mismos errores, por favor —solicitó Santiago. 

Alba elevó su cabeza y apreció en el rostro de él aquel hoyuelo en la barbilla que a ella le fascinaba, y que lo hacía lucir muy atractivo. Enfocó su vista en los azules y serenos ojos del joven, no podía negarse, pero tampoco contaba con tiempo, apenas le alcanzaban los minutos para almorzar y dirigirse a su trabajo. 

—Mañana en la tarde tiene espacio Alba —contestó Angélica, ya que su amiga no recordaba que era su día libre, que lo dedicaba a lavar la ropa, limpiar la casa, en fin, un sin número de tareas en el hogar.

—Entonces mañana después de clases te espero en la biblioteca de la facultad. ¿Te parece? —inquirió Santiago. 

Alba que pensaba no volver a hablar con él, no entendía en qué momento el hombre de sus sueños, estaba ahí frente a ella, concretando una cita, no era romántica, pero para la joven era un encuentro importante. 

—Mañana después de clases estaré en la biblioteca —pronunció con timidez. 

Las dos muchachas recogieron sus cosas. Angélica se despidió de Santiago, con un beso en la mejilla, a Joaquín lo miró mal.

—Adiós galán, espero no volver a verte. 

Él esbozó una gran sonrisa, el joven era bastante atractivo y del gusto de la chica, que se hacía la dura con él.

—Yo voy a soñar con vos, mamacita. 

Angélica sonrió al disimulo y salió del salón de clases.

—Nos vemos mañana, Santiago. 

Alba, no sabía cómo despedirse de él, estiró su mano, él la tomó con delicadeza, la jaló con suavidad, y le dio un beso en la mejilla.

—Te estaré esperando, Alba. 

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