Alba se recargó en uno de los pasillos sollozando, entonces caminó abrazada a sí misma hacia la sala de espera. Justo cuando llegaba una voz femenina la increpó:
-¿Qué hace aquí esta impostora? -gruñó Eliana mirándola con odio, se acercó a Alba, quien casi no podía reaccionar. -¿Con qué derecho te presentas aquí, zorra? -Insultó.
-¡Basta! -vociferó Isabella, interponiéndose entre ambas chicas-. Alba tiene todo el derecho de estar aquí, porque ella es la mujer a la que mi hermano ama -espetó mirándola a los ojos.
Eliana soltó una carcajada burlesca.
-¿Con qué nuevas patrañas convenciste a la familia Vidal de ser una mujer de bien? -increpó. -¿Les contaste que...