Toda la semana siguiente se resumió en
infinitas visitas al hospital después de
trabajar evitando siempre a Diana que me miraba asesinamente pero no se atrevía a decir nada delante de Ignacio
Después del susto del accidente, las ganas de verle, si antes ya eran altas, ahora se habían multiplicado y no he podido pensar en otra cosa estos días.
Llegué a casa reventada de la oficina,
había tenido que aguantar todo el día al
pesado del consultor que no paraba de
lanzarme miradas lascivas y palabras
con doble sentido, lo peor es que podría
ser mi padre a su edad, sencillamente
asqueroso.
Necesito una copa, creo que voy a...