El sonido de la alarma me despertó. Al percibir que amaneció, abrí los ojos de golpe y salí de la cama. Tomé la primera camiseta que conseguí, me la puse y salí de mi cuarto.
Vi un grupo de cajas y paquetes acomodados en el pasillo, al lado de una gran maleta de color beige. La maleta de Anna.
Fui hasta la cocina. Allí estaba ella y supe que preparaba un rico café, por el delicioso aroma impregnado en el aire. Inhalé cuanto pude del olor que emanaba tan suculenta bebida.
—Buen día —saludé y ella se giró con una radiante sonrisa en el rostro.
—Buen día —respondió.
—Vi los...