Shirley caminaba de un lado al otro, parecía un león enjaulado. Xander estaba sentado junto a su hijo, en una silla de la sala de espera. Tenía el corazón en un puño y la ansiedad amenazaba con hacerlo desmayar. Transcurrió casi media hora desde que ingresaron a Katherine de emergencia. La enfermera que los recibió les dijo que ellos se iban a encargar y se llevaron a su pequeña en una camilla. No sabían nada más al respecto.
Una lágrima silenciosa rodó por la mejilla de Shirley.
—Lamento haberme puesto como una loca —balbuceó cuando se acercó a su esposo.
—Y yo lamento haberme comportado como un imbécil —respondió Xander...