Conduje por largo rato, tratando de mantener mis pensamientos a raya, pues nada ganaba con pensar en lo que pudo ser y no fue.
Las emisoras de radio se pusieron de acuerdo para trasmitir cuanta canción me la recordara. Harto de tanta tortura psicológica, decidí apagarlo y entregarme a la tediosa y larga carretera. Me detuve solo para estirar las piernas y llenar el tanque de combustible.
Un par de lágrimas brotaron de mis ojos al recordar lo que sucedió. ¿Pero a quién pretendía engañar? Nunca fuimos una pareja como tal. Todo ese tiempo estuvimos condenados a mentir, a engañar y dañar a otros.
Volví mi atención a la vía,...