Chapter 3 Reencuentro

Chapter 3 Reencuentro

—Ambos sabemos que la mente de tu padre podría razona de diferentes formas. Él solo sabría su razón de ser. —Marco resopló, si, su padre era un gran hombre de negocios, su mente era brillante y valiente a la hora de arriesgarse, pero lo que nunca había sido era un buen padre, y no podía creer que aún después de muerto siguiera con su obsesión enfermiza de controlar sus vidas.

—¿Y qué pasa si no lo hago? —El hombre apretó sus labios con tensión y leyó lo siguiente.

—De no hacer válido mi mandato, ya que sé muy bien que Marci estará renegando ahora mismo, tendré que retirar todo mi apoyo anteriormente mencionado y la empresa tanto los bienes pasaran a manos de Luis D'monte, mi hermano. —¿Qué? Esto era inaudito.

—Esto no puede ser verdad. —Exclamó Sol parándose en jarra. Mirando como su hermano, poco a poco se desanimaba ante la noticia.

—Pero aún hay más. Sol, tú no estas expensas a los mandatos de tu padre y también te da una prologa de 2 años para contraer matrimonio. —La mencionada resoplo.

—Eso es una mierda. —Marco la tomó de la mano, tratando de controlar su enojo, aunque él estuviera igual. Tenían que pensar con la cabeza, saber que harían en ese momento, no podía simplemente negarse a la posibilidad, podrían hacer otra cosa, imputar el testamento, no sabía, en ese momento no tenía cabeza para pensar.

—Yo sé que esto es un poco difícil de asilar, pero si comprendes que es mejor para ti y tu hermana entenderás que lo que pide tu padre no es tan descabellado. —John tomó sus cosas y salió de la casa, dejando al par de aludidos con muchas cosas que pensar en ese momento.

Megan se encontraba con la cabeza recostada sobre la camilla en la se encontraba su padre, después del infarto que sufrió todo podía pasar, cualquier mínima alteración lo podría llevar al verde de la muerte. Megan tenía miedo, estaba temerosa de que su papá la dejara y más sabiendo con quién la dejaría.

Constanza no se había presentado durante la mañana, mucha gente del círculo del trabajo de Arturo lo había ido a visitar al hospital, él era un hombre honorable y respetable que todo mundo quería. Unos más que nada lo hacía por mero compromiso, y eso fue lo que les paso a Marco y Sol. Sabían la hermandad que tenía el señor Smith con su padre y había sido por eso que habían acudido al hospital esa mañana con un enorme ramo de rosas. Para todos era un secreto la causa del suceso, para Constanza era algo vergonzoso, decir que no contaban con la solvencia para los gastos médicos era algo que no iba a decir jamás. Fue algo curioso que el abogado de los D’monte y los Smith fuera el mismo, y que sin querer hubiera mencionado algo de su situación actual.

Marco había visto solo una vez a Arturo, recordó la vez que su padre le prometió que siempre lo ayudaría y fue otra más de las malditas cláusulas en el testamento de su padre. Como fuera ahora se encontraban ahí, a simple vista podía apreciar a Constanza, como una esposa preocupada por la salud de su esposo.

—Gracias por venir, sé lo que pasó con tu padre. —Constanza tomó un pedazo de papel limpiando sus lágrimas.

—¿Conocía a mi padre? —Ella asintió aparentando tristeza. La verdad era que no le importaba en lo absoluto.

—Fue un buen hombre. —Marco se mofo despacio, todo mundo decía lo mismo, estaba claro que nadie lo había conocido en verdad.

—Espero que su esposo se encuentre mejor. —Ella asintió. Marco prefirió cambiar de tema—. Me alegro, sé que no me conoce, pero de verdad siento mucho por lo que está pasando, lamento decirle que tal vez las próximas visitas las hará mi tío Luis, así que fue un gusto conocernos. —Constanza frunció el ceño.

—¿Por qué tu tío y no tú? —Si era un poco metiche.

—Por qué mi padre puso sus malditas cláusulas antes de morir. —Sol no se pudo quedar callada.

—Sol, por favor. No tiene por qué ventilar nuestra situación. —Esta se cruzó de brazos y soltó un mohín.

—Por favor somos de confianza. —Constanza trato de sonar coherente.

—Son situaciones que pasan. Mi papá puso una cláusula, donde si yo no me comprometía en menos de seis meses toda la fortuna de los Montalvo pasara a manos de mi tío Luis. —Constanza abrió sus ojos, sorprendida y un poco curiosa.

—Entiendo y supongo que a quien sea tu esposa será acreedora a la fortuna D’monte también —Sol asintió. Constanza se quedó pensativa, tal vez estaba ante ella la solución para todos sus problemas. Y sonrío ante ello.

TIEMPO ACTUAL*

Era difícil y le estaba costado trabajo, pero tenía que ser paciente con Megan, aunque se muriera de las ganas por tocarla y besarla tenía que ir lento si quería ganarse su confianza y más adelante su amor, porque de algo estaba seguro y era de que no descansaría hasta que su ahora esposa, lo amara como él lo hacía con ella. Era absurdo decir que la amaba a pensar de que no se conocían, solo le había bastado verla una vez, fue amor a primera vista, Megan era una belleza, su rostro y cuerpo eran un sueño hecho realidad, sin mencionar que el solo hecho de haber aceptado este trato para ayudar a su padre hablaba del noble corazón que poseía.

Las cosas estaban yendo lentas, aceptó todas y cada una de sus condiciones, el dormir en cuartos separado, en no tratar de tocarla o incluso besarla, podía intuir como se volvería loco al tenerla cerca y no poder hacer nada, sin embargo, cedió a todo para su comodidad.

Ese día irían a Riverside, había insistido de todas las formas posibles para llevarla de luna de miel, jurando que no la tocaría, pero fue un "No tengo ganas" lo que recibió como respuesta, ahora tenía que ocuparse de algunos asuntos en la ciudad y mientras él trabajaba, Megan se quedaría en la residencia que tenía allí. Creía que si estaban tiempo a solas podía conocerse mejor y con suerte avanzar un poco en su relación.

Por otro lado, Megan trató de mantener la calma y aparentar que todo estaba bien cuando en realidad la tristeza la consumía por dentro y más cuando se enteró a donde viajarían, ella debió de ir a Riverside, pero no casada con alguien más, sino a lado de Mark, no sabía nada de él después de no haberse presentado en la estación de tren, no sabía si se había ido o si incluso la odiaba por haber roto su promesa, deseaba tanto volver a verlo, pedirle perdón y besarlo. Lo único que quería era estar junto al hombre que amaba, pero sabía que pedía demasiado para su cruda realidad.

A pesar de que Marco se estaba comportando como un caballero tarde o temprano iba a querer consumar su matrimonio, esa idea la ponía muy nerviosa, ya que no imaginaba a otro hombre que no fuera Mark tocando su cuerpo, suspiró ante su inevitable futuro y salió de su habitación.

Necesitaba distraerse, respirar aire fresco, el lugar donde estaba era asfixiante, no hacía nada que solo estar encerrada esperando hasta que Marco regresara, era tan desgastante mantenerse así todo el tiempo, no tenía a nadie conocido, solo estaba la empleada, su nombre era Yuri, la cual se encargaba de cocinar y limpiar, siempre estaba demasiado ocupada para platicar con ella. Agradeció cuando Marco le sugirió que fuera de compras al centro comercial, no era la clase de chica que le gustara ir de tienda en tienda todos los días, despilfarrando el dinero, lo sentía innecesario, pero no veía otra opción ante su aburrimiento. Antes de casarse trabajaba en la empresa de su papá, ahora, incluso eso no lo podía hacer. Resopló cansina. Si estuviera en Los ángeles al menos iría a ver a Jessy, su amiga, para pasar el rato, pero no, parecía una presa, porque incluso si le había permitido salir siempre sería acompañada... Marco le asignó un guardaespaldas quien la seguía como perro sabueso a todos lados, alegando que no le gustaba que estuviera sola.

Caminó por el centro comercial, al menos se distraería viendo las tiendas, aunque la verdad no le apetecía comprar nada, estuvo a punto de entrar a una tienda cuando su celular empezó a sonar, un número desconocido se veía en la pantalla, aun así contestó, podía ser algo importante.

—¿Megan? —La voz profunda de Mark sonó del otro lado del parlante provocando que detuviera sus pies al igual que su corazón, por la sorpresa, una enorme sonrisa apareció en su rostro y su corazón comenzó a latir de manera mas acelerada.

—Mark, mi amor —susurró y escuchó un suspiró al otro lado de la línea. No podía creer que el estuviera llamándole.

—Pensé que cambiarías tu número de celular. —El chico estaba con un nudo en la garganta después de enterarse de todo, quería ir por ella, estuviera donde estuviera y rescatarla de las garras de aquel idiota.

—Mark... —Quería decirle tantas cosas. Pero no podía, se sentía sucia, avergonzada por no luchar por su amor.

—Te ves hermosa como siempre, pequeña. —Megan frunció el ceño y volteó para todas partes para saber desde donde la estaba observado, la emoción que sintió al pensar que Mark pudiera estar ahí la hizo olvidarse de un pequeño detalle—. No voltees, el hombre a tu lado te ve raro... —La rubia paró acción y miró de soslayo a Kang—. Él es... —Sus palabras se quedaron en el aire.

—Es mi guardaespaldas —respondió enseguida, pensado en que tal vez Mark preguntaba si Kang era el hombre con quien se había casado—. Necesitó verte. —Se alejó un poco más para que no pudiera escucharla.

—Yo igual, nena... tengo muchas ganas de besarte y abrazarte, pero con tu guardaespaldas no creo que eso sea posible. —La voz de Mark se escucho decaída. Megan se mordió el labio, mantenía distancia prudente para que Kang no pudiera escuchar nada, lo pensó por unos minutos y asintió con un semblante expectante, se le había ocurrido un plan y esperaba que funcionará.

—Espérame en los sanitarios, te veo en 10 minutos. —Colgó y guardo su celular.

Caminó con prisa hacia la tienda de ropa más cercana y tomó varias prendas dirigiéndose hasta los vestidores. Kang iba detrás de ella como mosca, antes de entrar en uno de los cubículos se giró y lo miró serio.

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