Tenía la esperanza de que su madre se apiadara de ella y no la obligara a juntar su vida con aquel hombre, pero de nuevo pedía mucho de ella.
Constanza desvió la mirada, nada de lo que dijera iba a cambiar el hecho de que ese día se casaría, tuvo mucha suerte al escuchar lo que su hija y Mark estaban planeando mientras hablaban por teléfono, ese mismo día huirían y no lo podía permitir, sobre su cadáver permitiría que su única hija echara a perder su vida por un hombre así. Ahora todo estaba perdido, Megan estaba condenada a permanecer con un hombre que no amaba y que ni siquiera conocía.
—Vamos niña, arruinarás tu maquillaje. —La jaló de la mano para que se pusiera de pie y la miró fría, parecía como si ella no fuera su madre, no podía creer que su sufrimiento no le causará nada. Limpió sus lágrimas a regañadientes y la miró con desprecio—. ¿Crees que iba a permitir que te escaparas con ese don nadie? Hija, eres muy estúpida. —A ella solo le importaba el dinero, la distinción que podría ofrecerle y lo que los demás pensaran de ello.
—Yo no amo a ese hombre —dijo entre llantos.
—Aprenderás hacerlo. —respondió con desdén —Ven, arreglaré el desastre de tu rostro.
Después de maquillarla de nuevo, fue guiada hasta el jardín donde sus padres, el juez y su futuro esposo esperaban por ella. Había llegado la hora. Al final del altar divisó al hombre que se convertiría en la persona que más odiara en el mundo, ese que le había arrebatado todo junto a su madre. Caminó firme, pero temerosa hasta él, lo miró por primera vez y pasó por alto su atractivo porque realmente eso no le interesaba. Ahora estaría atada a una persona sin escrúpulos que solo le importaba sus deseos y su sola satisfacción, no creía que hubiera otro motivo por el cual la obligara a casarse con él. ¿Amor? Ni siquiera se conocían.
—¿Por qué está llorando? —Marco la miró preocupado, Megan era hermosa no había duda, pero su semblante triste lo descolocó, se suponía que sabía del trato, pero no respondió y ni siquiera lo miró.
—Está sensible por la boda —Camila mintió y tomó del brazo a su hija, sonriendo fingidamente para que Marco no sospechara nada antes de la boda, Megan siguió sin decir nada ¿tenía algún caso hacerlo? Sabía que no, tampoco era como si creyera que al hombre le importara como se sentía. No debía importarle nadie, estaba casi segura.
Durante la ceremonia, se mantuvo con la vista baja mientras lloraba de nuevo, desconsolada, mojó su vestido blanco, sin embargo no le importo al imaginar que en ese momento Mark debía estar esperando por ella en la estación del tren. Le dolía en el alma haber roto su promesa, romperle el corazón a la persona que menos culpa tenía de todo esto, al chico bueno que le ofreció todo de sí, no había nada que deseara más que estar a su lado y eso jamás iba a pasar. Cuando escuchó dictar al Juez "Los declaro marido y mujer" en ese momento supo que su tortura ni siquiera había empezado. Marco la tomó con decisión de la cintura y la besó, pero se separó apenas sintió el rechazo de su ahora esposa.
—¿Qué pasa, Megan? —le preguntó intrigado, pero antes de que pudiera responder, Constanza llegó a ellos interrumpiendo la plática, no le convenía que Merco supiera la verdad, aún no.
El banquete no fue mucho mejor, Megan seguía cabizbaja, contemplado la clase de vida que tendría desde ahora y solo se vio envuelta en un destino miserable y con desdicha, sin amor. Marco estaba convencido de que su matrimonio seria prospero si ambos ponían de su parte, sabía que no había sido la mejor manera de unir sus vidas, no obstante cuando Constanza le puso a su hija en bandeja de plata no pudo negarse ante el ofrecimiento.
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Megan miró la gran residencia de la que su esposo era dueño, no había querido hablar en el auto y ahora que estaban en la recámara, menos. Marco lo atribuía al nerviosismo, casarse sin conocerse era complicado, pero si los dos se gustaban como se lo hicieron creer todo iría bien. Se alistó para la noche de boda, mentiría si dijera que no estaba impaciente, su sueño hecho realidad estaba ahí, frente a él. Sus expectativas eran altas y esperaba que las de ella también, pero cuando Megan se exaltó apenas tocó su hombro y lo miró con sus ojos aterrados, se descolocó.
Ella no quería esto, no quería entregarse a un hombre sin amor, entonces Marco lo entendió, demasiado tarde para su suerte.
—¿Te obligaron a casarte conmigo? —Megan mordió su labio, soltó unas lágrimas y asintió. No pensaba que él no supiera del engaño, pero su rostro decepcionado le expresaba que así era.
El semblante de Marco cambió de la decepción al enojo, necesitaba una explicación y solo una persona podía dársela. Se vistió, tomó a Megan del brazo y la subió al auto rumbo a su casa, durante el camino la chica seguía llorando, no entendía como esto había podido pasar. Al llegar, Constanza miró molesta a su hija por arruinar todo, Marco les expresó lo que había ocurrido exigiendo una explicación.
—¿Cuándo planeaban decírmelo? Estaba a punto de cometer una locura sin su consentimiento —manifestó de forma furiosa. Lo que más le molestaba era la mentira, el engaño era algo que no podía perdonar—. Mañana mismo tramitaré el divorcio, no puedo hacer que alguien se case conmigo a la fuerza, así sea tan hermosa como su hija. —Estaba dispuesto a salir de esa casa sin Megan, pero la mano de Constanza lo detuvo.
—Si deshace el matrimonio, la ayuda que nos prometió... —Marco la miró con desprecio al darse cuenta de que ese era el verdadero objetivo de todo esto y que solo había usado a Megan. Desvió la mirada hacia el señor Sandoval, quien se mantuvo en silencio por la vergüenza que sentía, y no con él o su esposa, sino con su propia hija, ella no se merecía cargar con sus problemas, no era justo.
—El trato está roto. —El señor Sandoval se mantuvo firme, sabía que conllevaría esa decisión, terminarían de embargar la casa y todos sus bienes, se quedarían en la calle, literalmente y Megan estaba muy consciente de eso. Su papá podría recaer de nuevo por su enfermedad, el doctor les había advertido que no podía tener más preocupaciones. No quería verlo de nuevo postrado sobre una cama.
—Espera... Marco...
Todas las miradas se posaron en ella, aún con lágrimas en los ojos se paró firme y se dirigió a su hora esposo, no podía permitir que su padre perdiera todo, había tomado una decisión que cambiaría su vida para siempre, pero no le importaba porque si ella se podía sacrificar, lo haría por su familia.
—Siempre estuve de acuerdo con la boda, solo me asusté cuando usted... ya sabe... no lo conozco y preferiría que avanzáramos más despacio.
Marcus estaba seguro de que mentía, Megan quería salvar la empresa de su padre y aunque, no fuera el tipo de hombre que tomara algo a la fuerza, tenía que admitir que aquella chica lo tenía enamorado. Desde la primera vez que la conoció en una reunión de sociedad quedó encantado con ella y es que sus ojos color azul, sus labios carnosos y esa anatomía que a cualquier hombre volvería loco lo había cautivado duramente. Tenía la esperanza de que Megan llegaría amarlo, con dedicación y amor lo conseguiría, así que acepto el trato de nuevo. La azabache abrazó a su padre fuertemente, y este le respondió con el corazón en la mano, no quería que su única hija se sacrificara, pero que más podía hacer si todo estaba perdido.
Tres meses atrás.
Marco estaba vestido de negro junto a su hermana. El abogado de la familia estaba dando a conocer las cláusulas del testamento de su padre después de que este falleciera, había dejado la convención de CEOs atrás, ahora lo más importante era saber que pasaría con ellos, ya que su mamá había muerto hace algunos años y ahora su papá, se había quedado prácticamente solos.
—Como primer punto, para mis hijos Marco y Sol, ellos serán mis herederos universales. —Citó el abogado—. Tanto mis propiedades como mi cuantiosa suma en los bancos serán repartidos por partes iguales entre ambos. —Era de esperarse, eran su única familia—. La empresa D’monte será manejada por Marco, quien a su corta edad ha demostrado que tiene la capacidad de manejarla apropiadamente, solo tengo un último mandato, para que el tomo título como el nuevo CEO de la empresa tendrá que contraer matrimonio en menos de medio año. —Tanto Marco como Sol se miraron entre sí.
—¿Qué significa eso? —El abogado hizo una pausa.
—Tu padre estaba preocupado por ustedes, más por ti Marco, sintió que era necesario ponerte alguna cierta motivación para el puesto. —El chico alzo una ceja, incrédulo.
—Y supuso que obligándome a contraer nupcias con alguien sería la respuesta a todo. —Dijo sarcástico.