—Me encanta el helado, sabes lo que me gusta —comentó divertida, e ingresaron.
Eduardo siguió a Samanta hasta que atravesaron la casa y salieron al exterior. Ingresaron a una especie de galponcito todo vidriado, donde había muchas enredaderas alrededor.
— Es muy bonito, ¿es un invernadero? —preguntó.
—Lo era, solo quedan algunas plantas. No he tenido tiempo para cuidarlo, soy una descuidada madre de plantas —comentó Samanta.
— No te preocupes.
Eduardo observó todo el lugar y se giró hacia Samanta.
— Lo hubieras visto cuando lo cree, era precioso y estaba lleno de plantines por todos lados. También me gusta mucho la jardinería y la agronomía —comentó ella.
Samanta...