— Es bonita tu casa — comentó Eduardo, absorbiendo cada detalle. Las paredes tenían varios colores, pero predominaba el blanco en el techo y el suelo. Se veía hermosa y relajante. Había grandes ventanales en el lado derecho y la luz era tenue.
Samanta trajo mantas, una almohada y sábanas.
—Aquí traje las mantas, una almohada y sábanas. Si necesitas algo más, avísame.
— Gracias.
Primero, pondré las sábanas por las dudas.
— No, cómo sería. Yo puedo.
—De verdad, Eduardo, no me di cuenta y lo lamento.
— Se me dificulta hacer algunas cosas con las muletas, pero estoy bien, en serio.
—Pero haré las camas yo — comentó...