comenzó a narrar y Briana rememoraba los primeros días sin Agustín. En el segundo día, cuando él se había marchado, Briana se levantó con una tristeza muy profunda.
Se sintió completamente vacía, pero para su sorpresa, Melisa le había preparado el desayuno e incluso le dejó una margarita recién cortada del jardín del vecino. Briana no pudo evitar reírse divertida, pero al recordar a Agustín, volvió a llorar amargamente. Incluso más personas preguntaban por Agustín, lo cual le rompía aún más el corazón.
En el tercer día, Briana se levantó y comió con desgana, dejando las medialunas que tanto amaba sin probar un bocado más. Su amiga Melisa la arrastró...