Sentí su aroma varonil impregnarse en mis fosas nasales, mis bellos corporales se erizaron. Además, él sostuvo mi cintura, con su mano libre. Trago saliva seco, pero me dejó llevar escondida en el hueco de su cuello
No me quiero salir de ahí, me siento cómoda y calentita.
—Ya... no está ocurriendo nada —comentó y yo me separé rápidamente.
—Lo siento.
—Pensé que te gustaban las películas de terror —dijo yo asentí.
Emma, no podía ver la pantalla. Estaba detrás de un sillón, lo habíamos puesto a propósito, o mejor dicho yo, para que no tenga pesadillas.
Ella estaba entretenida jugando con un montón de juguetes, Eduardo le había comprado...