Entramos en el camino de casa y no había rastro del coche de mamá y papá.
—¿Dónde están mamá y papá? —pregunté.
—No lo sé, ¡pero estoy emocionado! —Asher se relamió los labios.
Le di una palmada en el brazo y abrí la puerta. Asher saltó del lado del conductor y corrió hacia mí, levantándome en sus brazos. Reí mientras él cerraba la puerta del coche de un golpe y me protegía de la lluvia.
Corrió por las escaleras y rompió a través de la puerta principal. No podía dejar de reír mientras cerraba la puerta y me dejaba sobre la encimera.
—Hey... —dije, señalando un papel en la mesa—....