Una vez más, me sacaron de la cama, despertándome de golpe. Finalmente había logrado dormir algunas horas después de la noche pasada. Esta vez no fue Rubén quien me sacó de la cama, sino una mujer que no había visto antes. Me arrastró escaleras abajo, donde había un par de otras mujeres, también desconocidas para mí.
—Quédate quieta, tenemos solo un par de horas para hacerlo —dijo la mujer que me había despertado, tomando una cinta métrica de la mesa.
—¿Qué está pasando? —pregunté, aún medio dormida. ¿Qué les pasa a la gente con sacarme de mi sueño?
—Te estamos ajustando el vestido de novia, cariño —respondió otra mujer con...