Una vez que llegué a casa, no comí nada y me fui directo a mi habitación, queriendo estar sola para pensar en todo lo que había pasado. Estuve a punto de quedarme dormida, pero unas voces fuertes provenientes de abajo me despertaron. Me senté y me concentré en escuchar los murmullos.
—¿Qué estabas pensando al traerla aquí? —gritó el hombre que, creo, dirige este lugar. Su voz sonaba llena de ira.
—Tú siempre dices que cuando alguien necesita ayuda hay que traerla aquí, que nos encargamos de ellos —respondió la voz de Max, un poco más tranquila, probablemente más calmada que la del otro hombre.
—Normalmente sí, pero ella es...