Nunca había visto a Braulio conducir de esta manera, nos estaba llevando por las esquinas tan rápido que pensé que el coche se volcaría. Sin embargo, no me quejé, porque debido a los molestos rogues en ese lugar, llegamos unos dos minutos tarde. Sé que no parece mucho tiempo, pero cuando se trata de Ricardo, cada minuto cuenta. No tenía ni idea de lo que íbamos a encontrar al llegar, aunque, sí, tenía una pequeña sospecha, sí, ya sé que me estoy contradiciendo.
Con los años, nos hemos familiarizado con la forma en que Ricardo suele operar, pero ha habido veces en las que ha dado un golpe tan grande...