Desde el punto de vista de Freya
Loba desagradecida, ¿cómo se atreve a ignorarme mientras se sienta cómodamente en el regazo de nuestros compañeros? Esa debería ser yo en los brazos de Gunnar.
—Estoy hablando contigo, maldita loba. —Escupí con rabia
—¡Déjame salir!. —exclamé con un poco de claustrofobia.
Apoyó su cabeza en el pecho de él y cerró los ojos, todavía ignorándome.
—¡Sé que puedes oírme, maldita perra! —Le grité con rabia. Sé que fue un poco exagerado y muy irrespetuoso, pero no me dejó opción de contenerme.
Abrió los ojos y se incorporó con seriedad. Por fin conseguí una reacción de ella.
Se levantó y salió del dormitorio...