FRANCO
Me acosté en la cama con los ojos cerrados en la sala VIP del hospital mientras escuchaba a Spencer contestar una llamada telefónica por mí. Estaba exagerando tanto que no pude evitar fruncir el ceño. Sus palabras no podían engañar a nadie más que a esa tonta mujer.
Una vez que colgó el teléfono, me tiró el teléfono y me dijo con una sonrisa traviesa:
_ Amigo, no finjas estar dormido. Sabemos lo emocionado que te pones con las llamadas de Yen.
Abrí los ojos y lo miré sin expresión.
_ Estás siendo demasiado ruidoso.
_ ¡Oye! ¿Cómo puedes decirle algo así a quien te está ayudando? _Spencer se...