Al volver a casa, las caras de los miembros de la familia eran algo extrañas.
Parecía que estaban en la misma situación que cuando Osuna vino a la casa.
“Francisco, ¿por qué llegas tan tarde? ¿Está frío afuera?”
Osuna se acercó con una expresión de preocupación, ordenando a los sirvientes que trajeran té y agua, actuando como una verdadera señora de la casa.
“Lola, ¿la recuerdas?” Francisco ignoró a Osuna y miró hacia mí con interés.
Negué con la cabeza.
“¿No se parece un poco a ti?” Francisco sonrió.
Esa sonrisa me resultaba familiar; siempre que él mostraba esa expresión, era señal de que me estaba hundiendo en el infierno....