Sé que Francisco Camerino no me ama. Él pasará la noche con su primer amor y se regocijará ante mis ojos.
Incluso por una palabra de ella, arrancará mis pendientes de la oreja.
Pero él no quiere divorciarse y dice que estará atado a mí hasta la muerte.
Hasta el día en que casi me ahogué, él se rió con frialdad: “¿Crees que, al hacer este teatro, voy a mirarte más?”
Pero él no sabe que ya lo he olvidado por completo.