30 de noviembre de 1991
No puedo salir de mi habitación. No puedo enfrentarle. He perdido a mi bebé. Mi bebé se me ha escapado entre los dedos, dejándome para siempre, nunca volverá. Me siento vacía. Raúl se siente vacío. Ha intentado hablar conmigo, pero no tengo nada que decir. Ya no hay nada que quiera decir. El doctor dice que muchas mujeres tienen abortos espontáneos y que no debería impedirme intentar de nuevo, pero hay una nube de desánimo sobre mi cabeza. Flota allí, sin irse nunca. Quiero a mi bebé. Diosa, por favor. Necesito a mi bebé.
1 de diciembre de 1991
Hoy me siento triste. Me siento...