Graciela no salía de su asombro, tenía cuatro años sin saber nada de Alberto y de pronto encontrarlo de nuevo enfrente de ella, le removió muchos recuerdos de cuando eran amantes.
—¿Pero qué haces aquí? No me digas que también se encuentra aquí la lisiada. —dijo Graciela mirando a su alrededor.
—Al menos deberías disimular un poco tu desprecio hacia Elizabeth.
—Te hice una pregunta Alberto, ¿Qué haces aquí?
—Vine con mi esposa y mi hijo al funeral de Rosario.
Ella puso una expresión de sorpresa mientras decía:
—¿Tienes un hijo con esa paralítica? ¿Pero por qué no habían dicho nada?
—Elizabeth no quería que nadie lo supiera, además no...