Mientras Thomas disfruta de mi mensaje de regalo, llega Nía y se acaba la diversión. Por suerte entró con una bandeja con jugo y agua la cual le impidió mirar lo que yo hacía.
Bajo mis manos rápido, me aclaro la garganta y replicó
—Thomas, listo por hoy. Puedes descansar— Sonrió mientras lo miró.
Le ofrezco mi mano para ayudarlo a sentarse, la acepta me lleva hacia el y susurra
—Creo que estás logrando que sienta mi cuerpo de nuevo
Ese susurro me hizo sentir escalofríos
—Mérida, juegas con fuego. No digas que no te advertí—Gruñe mi conciencia mientras yo se que tiene toda la razón, pero me gusta. Aunque...