Chapter 5 lov

Chapter 5 lov

Nía entra mientras espero que me llame para pasar. Estoy tan nerviosa queme dieron ganas de hacer pis y cuando me decido a ir al baño escuchó

—Mérida, pasa.

¡Que mierda! Me hago pis, no aguanto así que me voy al baño. Que espere si quiere pues yo lo espere a él.

Regreso del baño y Nía este en la puerta de la habitación y pregunta

—¿Qué pasó? ¿A dónde fuiste?

—Disculpa pero la espera me hizo querer ir al baño y no aguantaba así que fui—Le indicó

—Pasa, te está esperando—Gruñe

Pasó nerviosa y entre dientes digo

—Buenos días Señor Thomas

El escucha y voltea. Está en su portátil da media vuelta, me mira y mueve su silla al frente

No lo puedo ver bien por lo oscuro que está pero noto que tiene una barba y una larga.

—Buenos días, Señorita Mérida un placer—Me dice, su voz es ronca, fuerte.

Tengo tanta curiosidad de verlo que me provoca encender la luz pero me contengo.

—Soy la encargada de realizarle las terapias Señor Thomas, me contenta que accediera a tomarlas—Le comento y me sorprendo pues aunque nerviosa pude entonar mi voz con dulzura

Me gusta usar este tipo de voz con mis pacientes ya que quiero que sepan que soy una persona dulce, dedicada y cariñosa que no los lastimara sino que estoy aquí para ayudarlos.

El se acerca un poco más y me dice

—Enciende la luz, quiero verte mejor

—¡Mierda!— farfullo mientras comienzo a buscar el apagador. Enciendo volteo y lo miró.

Este hombre que tengo en frente no es ni la sombra de aquel que acabo de ver en es foto, no lo digo por la silla de ruedas, sino porque el hombre que tengo ante mí se ve triste, descuidado, tiene una barba larga y no esa sexy barba arreglada.

Sus ojos se ven vacíos, no tienen esa chispa de vigor que tenía en esa fotografía. Lo veo como una persona con una tristeza increíble y siento un poco de pena por el.

Noto que me observa de arriba abajo y replica

—Intentare trabajar contigo, pero no te aseguro nada—Voltea su silla y se va a su portátil

Arqueo una ceja y pienso

—¡Desgraciado!

—Es un estúpido ¿Cómo me va a dejar así?

Me doy la vuelta y salgo de la habitación—Que ni piense que le pagaré la luz —Resopló

Nía está afuera esperando y apenas me ve comenta

—¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?

—Que era un placer y que intentaría hacer las terapias pero que no me aseguraba nada—Le informo en resumen lo que pasó

—Bueno por lo menos es algo—Me dice sonriendo

Aprovecho para preguntarte

—¿Y cuando se supone que comenzaré? — Siento que pierdo el tiempo, me gusta estar en movimiento y comenzar con mi trabajo de inmediato

—Quizás mañana—Me sugiere Nía sin mucha seguridad y añade —Quiero que estés preparada por si el requiere de tu presencia más tarde.

—¿Para que carajos me querrá ver más tarde? —Me pregunto internamente

—Esta bien—Le aseguro y me voy a mi habitación.

Pasó una hora revisando los tipos de terapias que podría usar y luego me ganan las ganas de salir a tomar aire fresco, salgo de mi recamara y me voy al jardín. Comienzo a estirarme y comenzar a caminar y ver el paisaje.

Es hermoso el terreno y tiene muchos árboles grandes. Perfectos cómo para un picnic, Steven sería feliz aquí saltando y haciendo piruetas. Sonrió al imaginarlo, noto que la habitación de Thomas da al jardín y siento que me observan.

Me dirijo a estos hermosos árboles y me siento bajo la sombra de uno de ellos. Saco mi teléfono, mis auriculares y a escuchar música.

Estoy perdida en mi mundo con ojos cerrados y todo. Despejando mi mente cuando de pronto siento que tocan mi pierna.

Salto del susto pensando que es algún animal y no, no es así. Es Nía

—Casi me matas del susto, pensé que era una animal—Le digo mientras retiro mis audífonos de mi oído.

—Mérida, Thomas quiere vete. Levántate— Me dice emocionada

Yo estoy no muy dispuesta, pues mi cabello está en modo moño pero bueno me verá así porque si lo suelto es peor.

Mi cabellos muy rizado y tengo mucho volumen así que es un desastre. Me levanto con torpeza y me voy con Nía casi corriendo.

Llegamos al cuarto y ella abre la puerta y me indica

—Pasa— Señalando que entre con la mirada

Respiro y paso

—¿Me llamo?—Pregunto

El está en su portátil, parece que pasa todo el día allí metido. Imagino que castigándose viendo cosas del pasado.

Da media vuelta y me dice

—Si, pasa, siéntate por favor— Señala su cama

Lo dudo pero me siento.

—¿Que me podría hacer?—Pienso mientras tomo asiento

Me siento y comienzo a jugar con mis dedos espero que me cuente qué necesita. Me mira y comenta

—Quiero saber si es cierto lo que me comento Nía

—¿Exactamente que le dijo?—Pregunto pues he dicho varias cosas

—Que podría volver a caminar—Me dice

—Pues ciertamente, podrían comenzar a caminar de nuevo. Es posible ya que tú lesión no es de gravedad—Le indico mirando a la cara.

Quiero transmitirle seguridad, que sea capaz de confiar en lo que digo y se de una oportunidad.

—Pero así como te confirmo que puedes llegar a mover tus piernas y caminar debes saber que no hago milagros—Le digo

El me ve como si no entendiera de lo que hablo

—No entiendo—Me informa un poco confundido

—Pues para que lo que ocurra lo que te digo debes poner de tu parte y hacer lo que te indique. Sin quejas, necesito que estés dispuesto a darlo todo para caminar. Sino mis esfuerzos serán en vano—Le comunico

Quiero que el sea capaz de comprender lo que viene y añado

—No será fácil, pero tampoco imposible y si quieres caminar te aseguro que lo lograrás pero no será de la noche a la mañana. Tomara tiempo y debes ser paciente, si estás dispuesto podremos empezar.

—¿Me podrías ayudar?—Insiste

—Para eso estoy aquí, pero quiero que te comprometas contigo y conmigo—Le digo

Puedo sentir que cree en lo que le digo, pero eso lo veremos más adelante pues su recuperación no será fácil y mucho menos de la noche a la mañana.

—Lo intentaré—Susurra mientras de vuelve su mirada a la portátil y entiendo que mi tiempo termino.

Me levanto y le digo

—Hasta pronto, esperaré que me avises cuando estés listo para comenzar. Adiós—Me despido

Salgo de la habitación y cuando llego la cocina Nía está sentada, esperándome supongo

—Mérida, ven ¿Quieres café o jugó?—Me ofrece mientras se levanta a buscarme algo para comer.

—Un café—Replico

—Sabes, eres la primera persona que Thomas recibe por su cuenta—Me dice mientras me sirve café con unas galletas

—¿Si? —Pregunto con duda

Pues no creo que no reciba a nadie y debo confesar que me gusto conocerlo aunque no es el mismo de las fotos.

—Si, Mérida el no recibe a nadie. Solo quiere estar encerrado, metido en esa portátil del demonio—Farfulla al tiempo que se pasa las manos por el rostro

—Bueno ya dimos el primer paso. Ahora toca el trabajo duró y espero que el ponga de su parte—Comento mientras tomo mi café y las galletas.

Están riquísimas ¡Carajo!

—Lo hará, estoy segura que lo hará. Gracias Dios por esta niña—Dice mirando al cielo y levantando sus manos

Casi me atragantó al escuchar eso. Pues pone mucha confianza en mí y no quiero fallarles. Termino con mi merienda para ir a mi recamara y llamar a mis queridos amigos.

Quiero contarle a Steven que por fin conocí a Thomas pero que no es ni la sombra del hombre que me mostró en la foto y es una lastima.

Para mí y una buena noticia para Thomas puesto que me sería difícil trabajar viendo esa sexy barba y no babear al tenerlo enfrente. Me animaría a revivir muertos —Resoplo mientras dejo escapar una sonrisa traviesa ya que estos pensamientos no los tengo muy a menudo.

Al conectarme veo que Scarlett está en línea y la saludo

—Amiga ¿Cómo estás? ¿Cómo te va? ¿Descansando?

—Hola amiga, estoy bien en mi hora libre ¿y tu?—Pregunta

—Libre, acabo de conocer a mi paciente—Le digo, muero por contarle

Responde rápido eso quiere decir que ella quiere saber

—¿Cómo te fue? Cuéntamelo todo Mérida—Replica añadiendo varios emoticones con carita de asombró.

—Te cuento que el chico de la foto que me envió Steven no es el mismo que tuve enfrente hoy

—¿Qué? No entiendo, me perdí. Responde

—Pues ese hombre guapo, sexy que vimos en la foto no es el Thomas que conocí hoy.

El Thomas que conocí es uno descuidado, con una barba larga nada sexy y con unos ojos llenos de tristeza—Le digo

—Amiga, no puedo creer lo que dices. Ese hombre es bello un bombón, bueno el de la fotografía. Quizás se entregó al abandono y la soledad. Se debe de sentir muy mal el pobre—Comenta tratando de explicar su cambio drástico

—Si, también creo lo mismo. Es una lastima que una persona llegue a ese punto, quiero ayudarlo —Le comento

—Lo se, por eso vine. Pero no pensé que estaría así tan triste—Le digo

—Pues quítale ese tristeza amiga. Vamos que tú puedes—Trata de darme ánimo

Es la primera vez que me siento presionada pues no he comenzado y ya siento estrés. Aunque Thomas esta descuidado aún se ve guapo pero no lo diré.

—¿Y Steven?—Pregunto porque es raro que no esté escribiendo locuras

—Salió, tiene una cita—Me comenta

—¿Qué? ¿Con quien? —Pregunto ya que no sabia que andaba con alguien

—Un chico que conoció por las redes—Me indica pero creo que ella no sabe bien quién es la cita de Steven

Eso me preocupa ya que hay mucha gente desquiciada y enferma en la calle. El sufre de ataques repentinos de personas que no pueden aceptar que el sea diferente y que se sienta bien saliendo con chicos y no con chicas.

Soy un poco sobre protectora con él y es obvio que por eso no me contó. Ni loca yo saldría con alguien que no conozco. Sería como poner mi vida en peligro y quiero vivir por largo tiempo

—Por favor dile que me llame cuando llegue ¿si?—Se lo pido casi como una súplica

—Esta bien, apenas llegué le digo—Me responde

Dejo el teléfono en un lado de la cama y dejo descansar los ojos un rato. Siento que me duele la cabeza y creo que es por tanto pensar hoy.

Siento que el día ah pasado lento, quiero descansar.

Cierro los ojos y no se de mí, me despierta el golpeteo de la puerta. Cerré con seguro, no recuerdo porque pero hice.

No me quiero levantar así que digo es voz alta

—¿Si?—Mientras me quito el sueño de mis ojos. Los siento pesados y quiero seguir descansando

—Soy Nía, la cena esta lista Mérida. Te espero abajo—grita Nía

—No me quiero levantar —Pienso aunque tengo hambre

Me quedo en la camas veinte minutos más y luego me levanto de mala gana.

*******************

Hoy es un nuevo día ya estoy despierte y lista. Son las siete de la mañana, voy a la cocina a desayunar y esperar quemo querido paciente quiera trabajar hoy.

El desayuno está listo Nía ya lo preparo pero no la veo, cómo mientras la esperó.

—Buenos días Mérida, buen provecho—Me dice Nía

—Buenos días Nía y gracias —Le comentó mientras termino mi desayuno

—Thomas se levantará dentro de poco, ya fui a su habitación —Me informa

Me alegra escuchar eso, ya que entonces hoy podré comenzar hacer mi trabajo.

—Esta bien, entonces esperaré a que esté listo—Le digo

Pasamos como veinte minutos hablando y ella me indica

—Iré a ver si ya está listo—Añade y se va a la habitación de Thomas

Yo me encuentro pensativa pues no sé si llevarlo al gimnasio ya que cuando entre pude notar que hay una cama perfecta dónde podríamos comenzar a darle movimiento a sus pies y flexionar sus piernas.

Nía me interrumpe el pensamiento y me dice

—Thomas te espera en su habitación

—Nía, ¿ No me digas que quiere recibir su terapia en su habitación?—Pregunto algo confundida

—Si—Afirma ella

—Yo creí que usaríamos el gimnasio puesto que su habitación no cuento con el equipo necesario—Replico

Me dirijo a la habitación de Thomas para hablar con él, entro y le digo

—Buenos días Señor Thomas ¿listo para la terapia? —Le pregunto

El no se esperaba que entrara de sopetón, así que se me queda viendo y comenta

—Listo—Así sin más, está en su silla de ruedas.

—Esta bien, vamos al gimnasio—Le indico y abro la puerta para que el salga

Me mira como si no entendiera, parece que hablo otro idioma —¿y qué carajos pensó que trabajaría aquí en su cuarto donde no hay nada?—Pienso mientras lo observo

—Nos quedaremos aquí—Me ordena

Le pongo mala cara, frunzo el seño y le pregunto

—¿Cómo se supone que haremos la terapia si los implementos que necesito están en el gimnasio? —Le digo con un tono de voz nada dulce

—Nía—Gruñe

Nía aparece de inmediato y le responde

—Dime Thomas ¿Qué necesitas?

—Mierda ¿Por qué carajos debe hablarle así?— Me pregunto mientras lo sigo mira do con mala cara

—Que Mérida te diga lo que necesita que traigan a mi habitación y mándalo a traer ya—Le indica de forma muy autoritaria

—¿Qué necesitas? —Me pregunta Nía

—Primero que el señor Thomas sea más amable—Replico, lo miró y añado —Además, de la cama que está en el gimnasio, la barra para caminar y la máquina de telestimuladora—Farfullo

El esta estático, refutó nada cuando escuchó lo primero que dije. Nía sale casi corriendo a buscar lo que le indique y quedo a solas con el

—¿Así que mas amable? —Pregunta

—Si, no le costaría nada ser más amable. Al contrario lo ayudaría a ser mejor persona—Le digo.

La verdad no me interesa si se molesta. No voy aguantar groserías de su parte, no soy niñera de niños mimados.

Y me ve como si no pudiera creer lo que le digo

—Mérida, hablas con tu jefe ¿sabes? —Me dice como si yo no supiera quién es, pero me vale quien me contrato fue su mamá no él.

—Tu madre me contrato, tu eres mi paciente. Además me pagan por darte terapia no para aguantar malos tratos—Le comentó y no dejo de mirarlo a la cara

Siendo sincera y es guapo este hombre pero debo concentrarme

—No te trate mal—Me dice

—A mí no, pero a Nía si. La verdad agradecería que trate con respeto a su personal por lo menos en mí presencia—Le pido amablemente

Me sigue mirando como a un bicho raro y eso me cabrea

—No prometo nada—Resopla y gira su silla dándome la espalda

Suspiró y miró al cielo.

—Creo que gane está disputa así que ¡Bien Mérida! —Me doy ánimos

Mientras esperamos detallo su habitación, es el doble de grande que mía. Tranquilamente hay espacio para el gimnasio aquí, lo miro y me atrevo hacerle una pregunta

—Señor Thomas ¿Desde cuándo no sale? —Tengo curiosidad y miedo de que me salga con una mala respuesta

Da media vuelta y queda frente a mi, está mirando su portátil.

—Desde mi accidente—Me dice

—¿Y porque? —Pregunto, quiero saber más de él. Para ver de qué manera puedo ayudarlo a tener confianza en sí mismo .

—¿No es obvio? —Me pregunta, siento que lo incomode

Niego con la cabeza y le digo

—Utilizar una silla de ruedas no es motivo para aislarse. Hay personas que seguro te quieren y desean verte ¿No crees?

—¿Cómo mi madre que casi nunca viene? ¿Cómo mi padre que aparece cada quince días? ¿Cómo mi prometida que me abandono apenas supo que no podría caminar? O ¿Cómo los amigos que se espantaron al verme y no regresaron más?—Replica serio

¡Maldita sea! Creo que metí la pata y hasta el fondo

Estoy paralizada por todo lo que escuché y es normal que se sienta así. Ahora pienso que soy una tonta al preguntar eso

—Disculpa no fue mi intención...

Abren la puerta y no termino de hablar

¡Alabado sea el señor! son los empleados con las cosas del gimnasio. Estoy feliz de verlos aquí y ojalá Nía se quede hacernos compañía.

En veinte minutos todo está instalado, listo para ser comenzado a usar.

Miro a el Señor Thomas y le digo

—Comencemos, necesito que te acuestes en esta cama

Es una cama parecida a que utilizan para dar masajes, súper cómoda

El acerca su silla a la cama e intenta levantarse, observo que tiene fuerza el los brazos y que apenas puede mover los pies. Eso es una buena señal, al ver el esfuerzo que hace me acerco ayudarlo y Nía también.

Entre las dos le servimos de apoyo y se pone de pie. Está agotado y solo intenta levantarse, necesita hacer ejercicio para tener un mejor impulso.

Lo sentamos y el está exhausto

—Debes hacer ejercicio—Le indicó mientras lo ayudo a subir sus piernas y acomodarse en la cama.

Cuando está acostado comienzo a detallar sus piernas, que bueno que tiene short deportivo me ayuda a verlo mejor.

Primero solo lo observo, el me mira. No me quita la mirada de encima, está quizá preocupado por qué no sabe que haré.

Comienzo a tocar con las yemas de mis dedos la plata de su pie, es como una caricia. Quiero ver si es capaz de sentir algo así sea mínimo pues en una persona normal causaría que retirara sus pies.

Las paso suavemente, lo miro y pregunto

—¿Sientes algo?

—Un ligero cosquilleo—Me dice

Sonrió y le digo

—Eso es bueno

Continuo haciendo ahora un poco más fuerte y noto que se le eriza la piel de las piernas, lo miro y pregunto

—¿Qué sientes? — Tengo curiosidad, ya que puedo verificar que sí siente algo. Aún es capaz de sentir, eso quiere decir que alguna de sus terminaciones nerviosas están funcionando.

Sonríe y comenta

—Siento apenas un cosquilleo—Me repite

Nía al escuchar eso se levanta de la silla emocionada y le pregunta

—¿Hijo que tanto puedes sentir? —Se en su cara la emoción, pues ella tiene esperanza de verlo recuperar su vida

—Es algo ligero Nía—Le dice, Thomas es un poco secó.

Mientras Nía lo ama como a un hijo, entiendo su emoción y eso ayuda a Thomas

Comienzo a gritar mis manos con un aceite para masajes. Tomo su pie derecho y comienzo masajearlo y hacer que lo mueva de arriba abajo repetidas veces.

Tocó cada uno de sus dedos y les doy masajes, llegó a su planta y la masajeó. Con mi puño, lo miro par ver si siente algo. Pero solo está mirándome, no me quita la vista de encima.

Sigo trabajando con su pie derecho sube y baja, lo hago rotar desde el talón y luego hago que suba y baje su pierna

—¿Estás bien?—Le pregunto

Tiene unas piernas gruesas y duras, se nota que hacía ejercicio. Necesita recuperar ese fuerza—Me digo mientras sigo con su pierna derecha.

Luego la bajo y paso a la izquierda, repitiendo el mismo procedimiento.

El continua mirándome, yo no lo miro porque no quiero desconcentrarme y lastimarlo sin querer.

Luego de treinta minutos de masajes le pregunto

—¿Estás bien?

—Si—Me afirma un poco más relajado

—Creo que eso será todo por hoy, poco a poco iré incremento el tiempo y cambiando el tipo de masaje. Hasta llegar a una hora de terapia —Le explicó mientras le ofrezco mi mano para que se apoye y se siente.

Pesa mucho, aunque se ve en forma tiene buena masa muscular y se nota en sus brazos y piernas.

Nía y yo lo ayudamos a bajar de la cama y que se acomode en la silla.

Thomas me pregunta

—¿Los masajes solo serán en las piernas?

Esa pregunta me sorprendió y no se que decirle. Nía me mira con ganas de escuchar mi respuesta y replicó

—Si quieres masajes en tu espalda u hombros, te aviso que ese servicio es aparte y con cita previa. Ya que no atiendo a cualquiera.

A mí me gusta jugar

—Nía, luego querré una cita. Apúntame—Le bromea a Nía

Ella solo me mira y no se que me dirá cuando estemos a solas. Eso me preocupa pues la necesito para seguir con las terapias

Pero ya lo dije y no puedo hacer nada

—Hasta mañana Señor Thomas, que tenga buen día—Me despido

—Dime Thomas, hasta mañana—Me dice mientras se dirige a su portátil en su silla de ruedas.

Salgo de la habitación y Nía viene tras de mí. Estoy nerviosa pues no se que me dirá, quizás soné un poco coqueta con Thomas pero no fue intencional.

Me voy a mi habitación entro y ella entra conmigo

¡Carajos!—Me digo mientras la veo entrar

—Mérida, gracias por aceptar trabajar con Thomas. ¿Dime cómo lo vez? —Pregunta

—Creo que su lesión sin dudas no es grave, pues pudo sentir cuando acaricie su planta del pie ¿El si se dejó revisar bien luego del accidente? —Le pregunto pues creo que el no colaboró en la revisión y que quizás solo sea un traumatismo leve y su parálisis sea momentánea.

—La verdad te mentiría si te digo que si, porque apenas llegó aquí se encerró y no permitió que nadie lo viera—Me cuenta

—Eso cambia todo e incrementa las posibilidades de éxito en su recuperación—Me digo

—Hoy lograste que hiciera muchas cosas que el no había hecho Mérida, te lo agradezco infinitamente. Gracias por aceptar quedarte a trabajar aquí—Me dice mientras se acerca y me da un abrazo.

Ella está muy emocionada y a ella le siento más interesada en Thomas que a su propia madre “la vieja esclavizante”

—Es un placer ayudar—Le comento mientras me abraza

Luego se retira y me deja a solas. Hay muchas cosas que da vueltas en mi cabeza, necesito poner mis ideas en orden para sacar conclusiones

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