Al día siguiente, fui a trabajar como de costumbre. A pesar de mis provocaciones de ayer, mi hermana no apareció para causar problemas, lo cual me resultó un poco extraño. Sin embargo, sabía que a ella siempre le gustaba conseguir lo que no era suyo, así que no me preocupé demasiado.
A mediodía, Víctor vino de nuevo a la oficina a buscarme. Siempre le gustaba llevarme a comer. A los ojos de los demás, era el novio perfecto. Pero solo yo sabía que su deseo de control era lo que le impulsaba; no soportaba que me apartara de su vista ni un solo segundo. Hoy, además de llevarme a almorzar,...