Esa noche, mamá no durmió con mi hermana como solía hacerlo, sino que se acostó en mi cama, tratando de sentir mi última esencia.
Si hubiera sido antes, me habría acurrucado en sus brazos, deseando sentir el calor que siempre anhelé. Pero ahora, ya no lo deseo. Siento cómo mi alma se disuelve poco a poco. Tal vez pronto tenga una madre que realmente me ame y un abrazo verdaderamente cálido.
A la mañana siguiente, mamá se levantó y se quedó mirando el aire por un momento antes de vestirse para salir.
Mi hermana la detuvo, preocupada:
—Mamá, ¿a dónde vas? Iré contigo.
Mamá la apartó con brusquedad y le...