No sé de dónde saqué el valor para decir esas palabras.
Para mí, Ovidio siempre había sido como un rayo de luz en mi vida.
En la secundaria, se puso de mi lado y me defendió.
En primer año, por razones que aún desconozco, las chicas de mi clase comenzaron a acosarme.
Primero escondían mis libros y cuadernos, dejaban insectos en mi escritorio y me hacían tropezar a propósito.
Después, empezaron a tirar de mi cabello, a encerrarme en el baño, y finalmente, a golpearme fuera de la escuela.
Un grupo de cinco o seis chicas me acorraló en un callejón, pateándome y golpeándome. Me encogí en el suelo, protegiendo...