Rashid dio tres pasos más, los restantes, y se sentó a orillas de la cama. Era increíble como ya todo allí olía a ella, tenía su sello personal esa habitación, por su perfume. El que usaba y extrañamente se estaba volviendo favorito entre los perfumes de Rashid.
—Vamos, haré algo para cenar lo que tú quieras incluso puedes escoger algo poco saludable como hamburguesa o una pizza. No lo sé, lo que a ti se te ocurra —trató de convencerla, pero la joven solo quería quedarse en la cama sin que nadie la molestara. Esa era su única petición.
—No, déjame.
—Hagamos algo.
—No, no quiero, sal y déjame sola...