—Victoria, espera, no te vayas.
—Suéltame, eres un imbécil. No puedo creer que hayas hecho eso, eh —señaló con los ojos llenos de lágrimas ,en ese momento sentía que su corazón se partía en dos y ya todo lo que había construido junto a él, parecía que fue siempre de mentiras aunque en el fondo conocía que todo eso fue solo al inicio y ahora se había vuelto realidad.
—No, cariño. La verdad es que yo lo di por sentado cuando me enamoré de ti, lo olvidé. Yo te amo y lo sabes, Victoria.
—¿Me amas? Sin embargo, solo estas alturas es que me dices que me querías a tu...