Al día siguiente muy temprano Victoria abrió los ojos con el alba y se sentía muy bien porque había recargado la energía durante toda esa noche descansando, a diferencia del árabe quién tuvo que quedarse hasta despierto a altas horas de la madrugada para no dejar a medias el trabajo tan importante para la compañía.
Estiró sus extremidades tras quedarse algunos minutos sentado sobre la cama mirando a la nada, recordó el mal sueño que tuvo, y se le crispó la piel de solo pensar en eso nuevamente.
Para ese domingo ninguno de los dos había planeado salir del lugar, donde estaban hospedados por lo que eso significaba que pasarían...