El sol, cada vez se ponía más intenso a pesar de la estación de primavera. Por lo que comenzaba a sentir un poco de calor, y el sudor ya recorría su frente. Corría mucho.
Finalmente decidió ingresar al interior de la enorme casa. Moría de hambre.
—Ve a lavarte las manos Victoria.
Le había dicho su madre con una mirada recriminatoria al verla ubicarse en la mesa sin hacer lo que le había mandado.
Obedeció.
Al rato ya se encontraba junto a los demás para tomar la comida. Sus abuelos paternos, quienes ya estaban en edad avanzada, se mostraron muy alegres de verla allí. Y Victoria también estaba llena de...