La reconciliación entre Fernando y Amelia era un hecho, pero está vez se juraron amarse de una manera incondicional. Ambos llegaron a la mansión de Amelia, mostrando una felicidad interminable, su natural sonrisa, era la fiel prueba de eso, ambos con el corazón inflado de tanta felicidad y convencidos de que este nuevo comienzo sería perfecto.
Fernando miraba a Amelia con ojos de enamorado, su mirada brillaba inmaculada, reflejaba el verdadero amor que sentía por ella. Cuando cruzaron el umbral de su puerta, sus hijos los estaban esperando, Santiago y Jonathan se lanzaron a sus brazos, los niños ni siquiera sabían a quien abrazar primero, el amor que sentían por...