Fernando regresó a su mansión para recoger sus cosas; como Amelia se lo ofreció, iría a vivir con quienes eran ahora su familia, al entrar, Cristine estaba sentada en su gran sala de estar, lo estaba esperando.
Su rostro estaba desaliñado y su corazón completamente roto, en su mano tenía una copa de vino tinto, la botella estaba casi por la mitad. Pues ella ya llevaba tiempo bebiendo.
—Mamá, no sabía que estabas aquí—le dijo Fernando al cruzar el umbral de su puerta, Cristine levantó su mirada y le dio una sonrisa con la comisura de sus labios.
—No tendrías por qué saberlo mi amor, solamente te estaba esperando, tenemos...