Unos cuantos meses más tarde
—¡Me está doliendo demasiado! —Amelia sentía como sus caderas empezaban a romperse producto de las contracciones, el nacimiento de su pequeña hija Luciana había llegado, y cada minuto que pasaba se tornaba más difícil.
—Cariño, resiste mi amor, ya casi llegamos al hospital, no comprendo esa absurda idea de esperar hasta lo último para dar a luz. —Fernando conducía a toda velocidad por las abarrotadas calles, las manos le temblaban, y por su frente corrían unas cuantas perlas de sudor.
—¡Tú simplemente conduce! ¡Por favor! —Los gritos de Amelia cada vez eran más fuertes, un par de cuadras más adelante, Fernando aparcó su auto frente...