Los llevo a mi boca y chupo la humedad que los empapa, Elizabeth tiene un sabor exquisito, simplemente me fascina, de verdad podría pasarme el día pegado en su coño comiéndolo y escuchándola gemir. La periodista gruñe una maldición cuando alcanza el orgasmo y rio. Yo estoy casi al límite pero de verdad estoy disfrutando esto, verla tan necesitada y desesperada no solo por querer correrse, por tocarme
— Kai no seas cruel… — suelta en un jadeo entrecortado
— Tus palabras lo fueron… — le recuerdo y vuelve a jadear cuando vuelvo otra vez a meter mis dedos y colocar el vibrador sobre su clítoris — tienes toda la...