Kai Metzler.
Entro a mi amplia y minimalista oficina furioso, detrás de mí una nueva y apresurada asistente sigue mis pasos con nerviosismo, no estoy de humor para esto, esta maldita rueda de prensa tendría que habernos tomado máximo 30 minutos y gracias a esa odiosa y entrometida periodista estuvimos cerca de una hora discutiendo sobre mis supuestas verdaderas intenciones con un proyecto que llevo elaborando casi siete años y no pretende más que ayudar a otros.
– Sr. Metzler, su café – dice dejando una taza sobre mi escritorio.
Continuo andando de un lado al otro como si de un puto león se tratara, sin prestarle atención a sus...