Jadeo sin contenerme y escucho esa risa ronca, que ya se ha convertido en algo que me encanta y me excita aún más. El objeto desciende por el centro de mi abdomen hasta mi vientre, allí se desvía hacia mi pierna justo hasta llegar al inicio de la abertura de la tela donde la piel de mis muslos están desnudos, siento al hombre acomodarse junto a mí.
El calor que desprende su cuerpo unido a su maravilloso y embriagador aroma es otro tanto para mis nublados sentidos que poco a poco se han ido perdiendo en las sensaciones que ha ido despertando con este sutil juego. Cuando la temperatura del...