Lizzy White.
— ¿Jugamos?
Jamás creí que una palabra tan simple y que implicara tan poco fuera a parecerme la cosa más insinuante y malditamente tentadora de este mundo. Acompañada de ese tono de voz ronco y sexy del hombre enmascarado, debo reconocerlo se ha convertido en mi nueva palabra favorita.
La humedad en mi entrepierna es más que evidente y la sensación de sus dedos sobre el área solo intensifica aún más el flujo. Cierro mis ojos completamente abrumada por la sensación que sus expertos dedos están provocando en mí, mis manos como presas de un hechizo no han dejado de tocar su gran erección.
Por dios ya lo...