Admiro su cuerpo deseándolo, necesitándolo hasta alcanzar su polla, relamo mis labios, deseosa de ponerla en mi boca y que me la folle como lo hizo en Dubái. Kai se acomoda entre mis piernas sin perder más tiempo, en cuanto rosa la punta de su glande con mis humedad la anticipación me hace estremecer, sin contemplación y complaciendo mis deseos salvajes me enviste con fuerza, arrancándome de la tierra y llevándome al cielo con un solo movimiento de sus caderas.
— No hay nada mejor que esto nena… nada…— murmura entre gruñidos y jadeos que me hacen sonreír me acerco a él y rodeo su cuello con mis brazos y...