Que mala costumbre tiene esta mujer de hablar en español.
Después de algunos minutos en los que aprovecho enjabonarme las puertas de la ducha se abren y me giro para verla, su expresión somnolienta ha desaparecido por completo y en su lugar el cabreo dibuja sus bonitas facciones.
— Hola nena, buenos días — se tensa al verme y suspira luego se acerca a mí y rodea mi cintura con sus brazos.
Su rostro se apoya en mi pecho y esa actitud me sorprende, porque luce cabreada pero también de alguna forma vulnerable.
— ¿Hey, estas bien? — intento elevar su rostro para verla pero niega con la cabeza.
—...