Las olas del mar golpeando la orilla, el viento soplando y el sol brillando. Alexa disfrutaba esa combinación, el verano en su punto, que parecía estar revoloteando en el aire, todo era perfecto. Más estando en familia, no podía quejarse, tenían vacaciones todos juntos.
—James, ¿por qué estás llorando? —le habló con tono dulce, al pequeño qué parecía querer lanzarse a sus brazos.
Lo atrapó y miró a Giulio, quién parecía agotado.
—Tiene hambre —le dijo antes de llamar a Carlo, que estaba jugando al tenis con Paula.
Después de todo, ambos habían continuado juntos, claro que ahora todos eran conscientes de su relación.
—¡Carlo, pide algo de comer para...