Durante todo el camino los nervios comenzaron a aumentar y ella no podía evitar sentirse de esa manera, puesto que en realidad no conocía al conductor que iba al volante de aquel fantástico automóvil, pero una parte de ella también le decía que nada malo iba a pasarle y que esa persona no tenía malas intenciones. Todavía seguía incrédula al pensar que aquel hombre llamado Sebastian había enviado un auto para que la buscara a ella y la llevara directamente al lugar donde se iba a realizar la fiesta, suponía que no era en algún salón, no, de hecho estaba segura, puesto que ya tenía la información completa de la dirección a ese sitio en dónde se llevaría a cabo la reunión. No tenías razónes entonces para estar nerviosas pero si lo seguía pensando, aparecía una nueva inquietud y al final volvía a sentirte como ese manojo de nervios y ya experimentaba ese vitoreo en el estómago.
Ahora no solo dudaba de asistir a esa fiesta también de la ropa que había escogido y aunque fue una elección de su madre, el vestido significaba algo especial para su progenitora, llegaba a que el pensamiento a su cabeza de que no era suficiente o tal vez debía escoger algo que estuviera a la altura de ese tipo de celebraciones y mucho más siendo realizadas por algún millonario cómo se trataba de Sebastián, puede que al final no se sintiera que encajara allí.
En todo caso debía tratar de buscar la serenidad y de esa forma no sentirse tan ansiosa al respecto, además de que las horas pasaban rápidamente y en poco tiempo volvería a casa; tal vez no era tan malo como pensaba y finalmente cuando llegara al lugar se sentiría más cómoda, pero eso era solo una idea que estaba dando vueltas en su cabeza, fuera de eso, no sentía exactamente que eso iba a pasar; de hecho todo lo contrario sucedería aunque ahora mismo no podía asegurar nada y todo se quedaba en lo incierto.
Intentó perder la mirada a través de la ventanilla y observar el panorama del exterior de esa forma conseguir escapar de la realidad o al menos hacer menos la intensidad de aquel dolorcito de estómago producto del nerviosismo que no podía evitar sentir, era una chica qué ante lugares desconocidos se sentía de esa manera aunque no era la única en el mundo, ahora mismo no había nadie en su lugar y estaba segura de que sus compañeros no se sentirían como ella.
—¿Todavía falta mucho para llegar al lugar? —se atrevió a preguntarle al muchacho después de un rato de estar en silencio, le urgía demasiado saber si faltaba demasiado o poco para finalmente llegar al sitio en dónde se llevaría a cabo esa fiesta.
El hombre que iba al volante la miró a través del espejo retrovisor y amplió una sonrisa, tras asentir con la cabeza y finalmente darle una respuesta con palabras.